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El colorete, fiel aliado para un rostro saludable

El colorete es uno de esos básicos del neceser de maquillaje que siempre llevamos en el bolso, como la máscara de pestañas o el labial. Y la importancia de llevar o no algo de “blush” en las mejillas puede parecer a priori algo sutil y banal, pero es mayor de la que pensamos. Puede marcar, por ejemplo, la diferencia entre un rostro cansado y uno saludable y radiante. Aunque, si nos equivocamos al aplicarlo también podemos caer en la exageración y dar al traste con todas sus ventajas.

Por eso hay que tener en cuenta que no todas las mujeres pueden usar el mismo tono o textura de colorete, ni aplicárselo de la misma manera sobre el rostro. Conviene identificar cuál es el tipo de rubor que más nos favorece para potenciar al máximo nuestro maquillaje. Y para ello hay que tener en cuenta los siguientes parámetros:

Tipos de textura de colorete

Más allá de cuestiones de marketing o de que el formato sea más o menos atractivo, debes encontrar la textura de colorete que más le va a tu tipo de piel y con la que mejor te desenvuelves a la hora de pintarte. En las tiendas encontrarás colorete:

Líquido: son coloretes muy sutiles, de poca cobertura, ideales para dar un rubor muy natural e incluso para dar color a los labios. Se adaptan mejor a las pieles jóvenes.

Coloretes en crema: son más apropiadas para pieles secas y maduras. Resultan refrescantes al contacto con la piel y pueden aplicarse con esponjita, brocha o simplemente con la yema de los dedos. Si no tienes experiencia con el colorete, empieza mejor por una mousse o un compacto en polvo. Resultan muy duraderos sobre la piel.

En mousse: es bastante parecido al colorete en crema, solo que con un acabado más ligero, por lo que es apropiado para pieles jóvenes normales, sin problemas de acné. La textura en mousse se aplica con más facilidad que la de crema.

Coloretes en barra: vienen en un formato de stick cremoso de gran pigmentación, aunque su aplicación sobre la piel es más ligera y aterciopelada de lo que pueda parecer a simple vista. Si aplican pasando el stick directamente por la mejilla y difuminando con los dedos. Suelen durar más que los coloretes convencionales.

En polvo compacto: es el formato más tradicional y más sencillo de aplicar, siempre que tengamos clara la técnica. La forma más correcta de aplicarlos es con brochas especiales de colorete de pelo natural, como la Cancun de Vanity Tools. Es el caso, por ejemplo, de los famosos coloretes Sleek. Resultan ideales para todo tipo de piel y son bastante cubrientes.

En meteoritos: son esas bolitas de colores diferentes que tanto nos llaman la atención. Su principal virtud es que gracias a la combinación de tonos, se adaptan a nuestro tono de piel jugando con efectos de luz. Proporcionan gran pigmentación y suelen tener un toque perlado. Lo ideal es aplicarlas con brocha de pelo natural.

En polvo mineral: son los conocidos como polvos sueltos, con un acabado muy natural y de características muy similares a las del colorete compacto. Suelen incorporar una rejilla dosificadora para evitar el exceso de producto, pero también puedes golpear el mango de la brocha, una vez impregnada.

¿Con qué se aplica?

Aunque ya hemos visto que algunas texturas se pueden aplicar con los dedos y casi la mayoría también admiten las esponjas, el instrumento ideal para maquillar el colorete es la brocha. Pero no cualquiera. Ha de ser de mango madiano-largo, con punta amplia y redondeada y pelo natural (para trabajar con las texturas clásicas en polvo). Las brochas tipo kabuki resultan apropiadas para este tipo de maquillaje, así como las de corte biselado, que se ajustan al ángulo de nuestro rostro (como la London de Vanity Tools).

Elegir el tono

No se trata de escoger un color más o menos bonito o de que nos haga parecer más morenas. Tenemos que tener claro que el colorete sirve para dar matiz al rostro y, por tanto, debe acompañar a nuestro tono de piel. Así, las pieles claras deberán optar por los tonos rosados claros, las pieles de tono medio podrán tender hacia tonos rosas oscuros, fucsias y anaranjados con reflejos dorados, mientras que los rostros más morenos deberán buscar los tonos teja y terracota par sus mejillas. Si tu piel es de aspecto amarillento, lo mejor es que busques un colorete de la gama melocotón, que de dará un aspecto más saludable.

Cómo se aplica

Para aplicar correctamente el colorete debes atender a la forma de tu rostro para potenciar o aminorar los rasgos que convengan. Así por ejemplo, los rostro angulosos se lo aplicarán de forma horizontal, de la mejilla al lóbulo de la oreja, para potenciar la redondez de su cara. Por el contrario, los que sean redondos deberán aplicarlo de forma totalmente diagonal, desde la mejilla en dirección a la sien, completando casi un triángulo de color. Y las caras cuadradas, con los pómulos poco marcados deberán reforzarlos potenciando la manzana de la mejilla y, si es posible, marcar con contorno la línea inferior del pómulo en diagonal hacia la comisura del labio.

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